EL PIANISTA
(The Pianist)
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FICHA | |
| Distribuidora: | DeAPlaneta | |
| Estreno España: | 13 Diciembre 2003 | |
| Sistemas de sonido: | Dolby Digital, DTS. | |
| V.O.: | Inglés y alemán | |
| Negativo: | Color, 35 mm. | |
| Formato cine: | 1.85:1 (lentes esféricas) | |
| Coproducción: | Polonia, Alemania, Francia, Holanda y Reino Unido. | |
| Duración: | 148 minutos | |
| www.thepianistmovie.com | ||
| Director: Roman Polansky Guión: Ronald Harwood y Wladyslaw Szpilman (basado en su libro) Fotografía: Pawel Edelman Montaje: Hervé de Luze Música: Wojciech Kilar Música no original: "Nocturna en C# Menor, Posthumous", "Grande Polonaise Brillante, Op. 22 - Allegro Molto", "Ballada No. 1 en G Menor, Op. 23" de Fryderyk Chopin "Sonata No. 14 en C# Menor, Op. 27/2, ”Mondscheinsonate” de Ludwig Van Beethoven "Suite No. 1 BWV 1007 para Solo de Cello" de Johann Sebastian Bach. "Tantz, Tantz Yidelekh" arreglada por Roddy Skeaping "Umowilem siez nia na dziewiata" de Henryk Wars y Emanuel Szlechter "Marsz Strzelcow" Letra y música de Wladyslaw Anczyc. Letra en inglés de Michael Kunze |
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Mucho se ha hablado
acerca de El pianista, película de agradable gusto, pero de difícil
digestión. Le ha favorecido en parte, su espectacular lista de premios
y candidaturas en diversos festivales. Qué duda cabe que ganar la
Palma de Oro en Cannes es una publicidad excelente de por sí, pero
además, abre miles de puertas a su comercialización. Si a
esto se le añade su destacada presencia en los Premios de la Asociación
de Críticos Estadounidenses (ganando los premios al guión,
director, actor y película) y en los Premios Europeos del cine (premio
a la fotografía y finalista en varias categorías), resulta
una promoción intachable. Además, todavía puede recoger
más premios, como el Goya a la mejor película extranjera en
la Gala de este año de nuestro cine.
Pero al margen de estas celebraciones, El pianista es una de esas extrañas películas que concilian a la crítica y al espectador. Esta idea da por sí sola para escribir un libro, pero podemos encontrar algunas de sus claves mirando el equipo de personas que han sacado adelante esta producción; a saber: el director de fotografía, Pawel Edelman, un veterano de reconocido prestigio en las producciones centroeuropeas; Wojciech Kilar, consagrado internacionalmente por sus composiciones para películas como Drácula (Coppola, 1992), Retrato de una dama (Champion, 1996) o el último trabajo de Polansky en 1999, La novena puerta (sonoro fracaso, por otro lado); el libro autobiográfico de Wladyslaw Szpilman, por el que hubo tortas para hacerse con los derechos hasta el último momento... etc.
Esta reunión
de talentos, a los que hay que añadir el genio del propio director,
ha conseguido realizar un trabajo espléndido, pero un tanto lejano
de la maestría de, por ejemplo, La lista de Schlinder. Sí
es cierto, es una película dura, pero donde no se acaban de explicar
ciertos comportamientos de numerosos personajes. La aparición salvadora
de ese misterioso capitán nazi o el impetuoso hermano de Szpilman
o ese personaje que deja de traerle comida en su refugio sin más.
Demasiados cabos sueltos que intentan ocultarse con la violencia de frecuentes
episodios espontáneos y aislados que muestran el horror de la represión
de las SS.
En otras palabras, los hechos más cruentos e impactantes no están integrados en armonía con la acción. Desde luego horripilan al más estoico de los mortales, pero dejan un regusto menos natural y más forzado. Que un desalojo de una vivienda vista desde lejos es más informativo que dramático, pues se pone a un inválido en el salón de la casa y se le tira por el balcón.
Hasta ahí los desaciertos, pero afortunadamente los aciertos son más numerosos. Empezando por un protagonista en estado de gracia (Adrien Brody, candidato al Globo de Oro) y un estupendo reparto de innumerables actores y actrices muy convincentes. El guión adaptado nos propone una evolución narrativa sin muchas prisas y quizá por eso le cueste arrancar a la película. Pero aprovecha un elemento muy útil, como son las ubicaciones cronológicas con letreros tipo “Varsovia, verano de 1940”, para interactuar con el espectador.
En este sentido, son
abundantes las frases de los personajes aludiendo a hechos de la historia
que esperan que sucedan, pero que el público de la sala sabe que
sucedieron o que nunca se llegaron a producir: “pronto acabará
la guerra” > sobreimpresión de Diciembre de 1941 > pensamiento
del espectador “infelices, todavía les queda lo peor”.
Pero más aun, estos letreros no siempre aparecen, cada vez menos
según avanza la película y eso también produce su efecto,
una cierta desorientación temporal, donde no se sabe si queda mucho
o poco de la contienda, sumergiéndonos en las sensaciones del protagonista.
Por otro lado, si antes acusábamos en el guión una cierta
pereza en sus inicios, esta situación se va dejando atrás
conforme Szpilman poco a poco va quedandose solo en su sufrimiento. El éxtasis
llega cuando se cierra magistralmente el film (olvidando la confusa relación
oficial SS-Szpilman) con el retorno al virtuosismo musical que siempre le
ha acompañado (y que, en contraste con los aspectos violentos, tan
bien integrados en la narración se hallan), esta vez en la celebración
de un concierto. ¡Atención!, porque es de los mejorcitos créditos
finales que se han visto por nuestras pantallas últimamente; pocas
veces el público se queda voluntariamente hasta el final para disfrutar
de los últimos coletazos del film. Un ejemplo a seguir, señores
productores y cineastas. Bravo.
| IMAGEN: | |
| Fantástica fotografía de Pawel Edelman,
realizando un buen trabajo tanto en exteriores, pero sobre todo en los
interiores, donde se aprecian tonalidades y colores más ricos
y matizados. Especialmente acertados, las escenas de las diversas habitaciones
donde se encuentra Szpilman, acentuando su soledad y desesperación;
las composiciones de algunos planos recuerdan lejanamente la austeridad
de la tradición pictórica del bodegón español
del Barroco. Y no tanto su tenebrismo, pero si un cierto tono gris-oscuro deprimente, predomina en el desolador ambiente de Varsovia. No hay cielo sin nubes, no hay un sol radiante... solo nieve, lluvia o simplemente encapotado. En este caso, no hay una gran escena para el lucimiento del equipo de eléctricos o de fotografía, en el sentido de crear un plano que sea impactante nada más verlo hasta para el más despistado. Pero hay que recordar una vez más, que lograr que el espectador se olvide de que una escena está adecuadamente iluminada, exige un gran trabajo. Por otro lado, en cuanto a los efectos especiales, cumplen perfectamente su misión. El pianista tampoco es una película para su lucimiento, es más dramática que bélica, pero las veces que se incorporan al relato están logradas. Ahora bien, tampoco son extraordinarias, se nota cierto aspecto de brevedad y rapidez sin ahondar en ellos. Y esto no es un fallo (están bien presentadas) sino que simplemente la historia va por otros lares. Las explosiones iniciales y la secuencia del asalto con tanque al piso de Szpilman son lo más destacado. Por último, una simple protesta acerca del ratio de aspecto elegido para el rodaje. El clásico 1,85 se queda, en mi opinión, un poco corto; demasiado cerca del “cuadrado tonto” televisivo. Una película con tanto despliegue de escenario podría haber sacado más provecho de un formato más grande. Quizá el talante más europeo que americano (no solo artístico, sino económico) hayan tenido su repercusión en esta elección. |
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| SONIDO: | |
| Escuchada en Dolby Digital. Qué duda cabe que en esta película
la presencia de la música es fundamental. Pues bien, no hay ninguna
queja al respecto de esta mezcla en Dolby. Si acaso, aprovechar esta
ocasión para decantar mis preferencias por el DTS a igualdad
de condiciones. Se olvidan los pequeños saltos en el sonido y
se gana en la “presencia” de los graves.
Ahora bien, la música de Chopin suena magníficamente bien en la sala y se respeta la ubicación realista de las fuentes de los sonidos, especialmente en la escena donde la familia Szpilman discute acerca de si huir o quedarse. Si la cámara está quieta y un personaje sale por la derecha, por allí debe irse el sonido y si permanece, por allí debe seguir saliendo; que se introduce un contraplano del personaje que se ha ido, pues vuelta al centro etc., etc. Para ir terminando, no puedo acabar sin señalar la mejor escena en cuanto a los recursos audiovisuales. El ejercito nazi asedia el edificio donde está Szpilman y lo bombardea con tanques, mientras que las tropas lo asaltan a golpe de metralleta. En el momento más tenso, un proyectil impacta en la pared contigua a su habitación y revienta el muro que las divide. Pues bien de forma magistral, se informa al público de que nuestro protagonista se ha quedado momentáneamente sordo por la explosión; entonces se pasa a escuchar los sonidos progesivamente más atenuados hasta percibirlos lejanos con ecos y sin identificar su dirección. A esto se le junta un pitido continuo (el famoso kilohercio martilleante) que no cesa en toda la secuencia mientras trata desesperadamente de huir de allí. De nuevo, la coordinación de contenido y forma, producen el mejor de los efectos: la emoción. |
Sergio Márquez (23/1/2003)
sergio@cinesonido.com